La selección española ha llegado a Sudáfrica

 
 

España ya está en Sudáfrica, donde el próximo domingo iniciará la Copa Confederaciones ante Nueva Zelanda. Cumplido satisfactoriamente el cómodo compromiso ante Azerbaiyán, en Bakú, el equipo repone fuerzas, tras un viaje de casi diez horas en avión desde la capital azerbaiyana a Johannesburgo (no mucho más que si se hubiera realizado desde Madrid) y tres más desde ésta a Rustenburg, ciudad en la que se disputará el primer encuentro.

El partido frente a Azerbaiyán ha resuelto algunas de las dudas que podía tener Vicente del Bosque en torno al estado físico de los jugadores y  sobre el modo en el que  llegan a la Copa Confederaciones. En ambos casos las respuestas han sido satisfactorias. Los problemas físicos que padecían, y aún sufren si hablamos de estar en plenitud de condiciones, algunos jugadores han ido decreciendo, de tal modo que salvo Piqué y Silva, los dos más tocados, todos, incluidos Sergio Ramos y Puyol, jugaron algún momento del partido ante Azerbaiyán. Cazorla fue de ellos el que más tiempo estuvo sobre el campo, aunque el seleccionador no le ve todavía al ciento por ciento. La  brecha de Fábregas en la frente, que precisó de seis puntos de sutura, no ha dejado más secuelas que su huella. En el aspecto mental, que también podía ser un foco a activar, la actitud de la “roja” no ha dejado lugar a dudas: es un equipo hecho para vencer, que lo busca persistentemente, le da igual quien sea el enemigo y que se esfuerza lo mismo en los compromisos de alto perfil como en los de bajo perfil.
Todo hace presumir que de aquí al enfrentamiento ante los neozelandeses el domingo día 14 todos los efectivos del seleccionador se encontrarán en perfectas condiciones. La sesión de mañana probablemente permitirá que Silva y Piqué toquen el balón más que el lunes, lo que no debe suponer que vayan a estar en el equipo inicial en el debut en la Confederaciones, porque hay suficientes alternativas como para no arriesgar. El de los repuestos no es, precisamente, un problema para el equipo nacional, que ante rivales de cualquier calibre ha dado pruebas suficientes de su solvencia y de su intensidad.

A Del Bosque le gustó España en Bakú y le gustó más, naturalmente, desde que Villa, autor de tres goles, abrió el melón. Hasta  ese momento, al equipo le había costado tener el balón y jugarlo reposadamente. Esa fase algo imprecisa coincidió, como suele suceder, cuando los locales conservaban íntegras sus fuerzas. “Hasta que les duraron fueron más incómodos y en los 15 primeros minutos nos costó más hacernos con el balón, reconocía el seleccionador antes de tomar tierra en Johannesburgo, pero después todo fue ya mucho más sencillo”. El 0-6 final acabó marcando, como se esperaba, la diferencia entre todo un campeón de Europa y uno de los pocos equipos realmente modestos que aún quedan.

De los 28º de Bakú, la selección ha pasado a los 9º temidos y previstos de Rustenburg, donde el campeón de Europa ha sido recibido, además de con una inesperada lluvia para una estación muy seca del año, con todos los honores. El mal tiempo no ha sorprendido y es lo que hay: forma parte del programa y de lo que aguarda. El año próximo, en el Mundial, ocurrirá lo mismo, así que la Copa Confederaciones tiene, amén del atractivo de lo que supone (España nunca la había disputado porque no había sido campeón de Europa desde que se dio luz verde al Torneo), el de constituir una prueba de gran importancia para saber lo que aguardará a la “roja” justo dentro de un año y de conocerlo, por cierto, de primera  mano.

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